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Primer proyecto de preescolar en el periodo de adaptación

Primer proyecto de preescolar en el periodo de adaptación

El 31 de agosto vas a tener enfrente a un grupo que, en el papel, ya es tuyo. En la práctica, la mitad todavía no sabe dónde está el baño, dos o tres van a llorar toda la mañana y la lista de asistencia va a cambiar cada día durante semanas. Y encima el modelo NEM te pide un proyecto donde los niños coautoran: opinan, deciden, proponen. Con un grupo que apenas te conoce.

Ese choque entre el periodo de adaptación y la exigencia de un proyecto por etapas es el problema real de las primeras dos semanas de preescolar. No es que no sepas planear por proyectos —ya tienes ese método—. Es que el método asume un grupo formado, y tú vas a trabajar con uno que se está formando en vivo, frente a ti.

Este artículo no repite cómo funcionan los seis momentos del proyecto NEM (para eso está nuestra guía de planeación por proyectos con los seis momentos). Aquí vamos a lo específico: cómo diseñar ese primer proyecto para que sobreviva al llanto, a la asistencia incompleta y a una coautoría que todavía no puedes exigir del todo.

Por qué el primer proyecto es distinto a todos los demás

Cualquier proyecto que planees en octubre parte de un grupo que ya conoce la rutina, que ya sabe trabajar en equipo y que ya confía en ti lo suficiente para opinar en voz alta. El primer proyecto del ciclo parte de cero en las tres cosas. Los niños de nuevo ingreso —sobre todo los de tres años que nunca han estado en un salón sin su familia— están procesando la separación antes de poder procesar cualquier contenido. Y los que repiten preescolar contigo el año pasado también están reajustándose: grupo nuevo, salón nuevo, a veces educadora nueva.

Esto no es un defecto de tu planeación. Es la razón por la que el periodo de adaptación existe como concepto en la práctica de preescolar, aunque la SEP todavía no publique una orientación específica y detallada para el ciclo 2026-2027 sobre cómo tratarlo. Lo que sí tienes confirmado es la fecha: las clases inician el lunes 31 de agosto de 2026, después de la fase intensiva de CTE del 24 al 28 de agosto (Acuerdo 07/07/26, DOF). Esa semana de CTE es tu ventana real para dejar el proyecto esbozado antes de que lleguen los niños — puedes ver qué llevar en nuestra guía de la fase intensiva de CTE.

El proyecto de dos semanas, no de un mes

La tentación en agosto es planear un proyecto largo y ambicioso, porque es el primero y quieres que se vea bien. Es justo lo contrario de lo que el grupo necesita. Un proyecto de dos semanas te da margen para ajustar sobre la marcha sin sentir que abandonaste algo grande a medio camino, y te permite cerrar un ciclo completo de los seis momentos —incluida la difusión— antes de que termine septiembre.

Semana Qué domina la jornada Qué pasa con el proyecto
1, días 1–2 Recepción, rutinas, vínculo Planteamiento del proyecto: se presenta pero no se exige opinión estructurada todavía
1, días 3–5 Rutinas afianzándose, primeros juegos guiados Organización simple: elegir entre 2 o 3 opciones concretas, no lluvia de ideas abierta
2, días 1–3 Grupo más estable, asistencia sube Desarrollo: actividades del campo formativo elegido, con apoyo visual fuerte
2, días 4–5 Cierre Comunicación y evaluación: mostrar lo hecho a las familias, con margen para que falte quien faltó

Este ritmo asume que la asistencia va a fluctuar toda la quincena, y por eso cada actividad debe poder sostenerse aunque falten varios niños o aunque llegue uno nuevo el jueves.

Los niños que lloran no rompen tu planeación, pero sí tu horario

Lo primero: la planeación no necesita “arreglar” el llanto, necesita convivir con él. Esto tiene dos consecuencias prácticas para el diseño del proyecto.

  • No pongas la actividad más importante al inicio de la jornada. Las primeras semanas, la hora de mayor llanto suele ser la entrada. Si el momento clave del proyecto —la asamblea donde se decide algo, la actividad que pide más atención— cae ahí, la vas a perder con la mitad del grupo regulándose todavía.
  • Diseña con margen de repetición. Una actividad que puede repetirse dos o tres veces en la semana (con variaciones menores) rinde más que una secuencia lineal donde cada día depende del anterior. Si un niño falta el martes por adaptación, el jueves puede entrar sin haberse perdido “el paso 2 de 5”.

Nada de esto reemplaza el vínculo diario con cada familia, pero sí evita que tu planeación dependa de una asistencia perfecta que no vas a tener.

Grupos incompletos: planea por lo que sí tienes, no por lo ideal

Un grupo incompleto en agosto no es una anomalía, es lo normal. Trámites de inscripción tardíos, mudanzas, hermanos que entran juntos días distintos: la lista real de tu salón se va a completar durante semanas. Diseñar el proyecto pensando en el cupo total en vez de en quiénes ya asisten es la manera más rápida de frustrarte.

Una forma práctica de resolverlo es dividir cada actividad del proyecto en un núcleo mínimo —lo que funciona con cinco niños o con veinte— y en extensiones que sumas cuando el grupo crece. Así no rehaces la planeación cada vez que llega alguien nuevo, la amplías.

Coautoría real, exigencia ajustada

El modelo de proyectos NEM pide que los niños participen en decidir qué se hace y cómo. Eso es genuino y vale la pena sostenerlo desde el primer proyecto, pero la forma de pedirlo cambia cuando el grupo no te conoce todavía. Con niños que llevan dos días en el salón, “¿qué quieren investigar?” como pregunta abierta suele producir silencio, no porque no tengan ideas, sino porque todavía no confían lo suficiente para compartirlas en grupo.

Funciona mejor ofrecer opciones concretas y visuales —dos o tres, no cinco— y dejar que elijan señalando o levantando la mano, antes de pedir explicaciones verbales largas. La coautoría se profundiza proyecto a proyecto, conforme el grupo se conoce entre sí y contigo. Exigirla al cien por ciento desde el día uno no es más fiel al modelo, es solo más difícil de lograr.

Qué llevar preparado a tu primera sesión ordinaria

Una vez que el primer proyecto arrancó, la primera sesión ordinaria de CTE es donde sueles ajustar lo que no funcionó. Vale la pena llegar con notas concretas: cuántos niños llegaron a la segunda semana, qué actividad tuvo que repetirse más de lo previsto, qué decisión tomaron los niños que no esperabas. Nuestra guía sobre tu primera sesión ordinaria de CTE cubre qué más conviene tener a la mano, y el calendario completo de las ocho sesiones del ciclo está en los ocho Consejos Técnicos del ciclo.

Tres cosas para hacer hoy

  1. Recorta tu primer proyecto a dos semanas exactas, con el cierre y la difusión a las familias incluidos desde el diseño, no agregados al final si “da tiempo”.
  2. Divide cada actividad en un núcleo mínimo que funcione aunque falte la mitad del grupo, y anota qué se suma cuando lleguen los que faltan.
  3. Reemplaza la primera pregunta abierta del proyecto por dos o tres opciones visuales concretas para elegir.

Si además necesitas que la dosificación del resto del trimestre ya esté lista cuando termine este primer proyecto, en Plan Docente generas tu dosificación y tus planes de preescolar en minutos, adaptados a tus campos formativos y a tu calendario real: cubre completo lo que le des, y cada tramo se arma cuando le toca, sobre lo que de verdad pasó en tu salón.

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